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EL PALACIO NACIONAL
Uno de los edificios más hermosos del país.
Todas las ciudades del mundo tienen un edificio o un monumento cuya
silueta o perfil las representa a plenitud. En San Salvador esa obra
arquitectónica es, indudablemente, el Palacio Nacional.
Durante el siglo XIX, ya en los tiempos republicanos, se sentía la
necesidad de una edificación decorosa que alojara a la creciente
burocracia. El gobierno de don Francisco Dueñas (período 1863-1871)
inició la construcción de un hermoso edificio, cuya primera planta era
de mampostería y la segunda de madera y lámina. En su fachada, hacia la
plaza de Santo Domingo, sobresalían tres cuerpos en columnas volantes
del orden jónico. Fue inaugurado el 19 de enero de 1870 y allí se
alojaron la Asamblea, la Corte Suprema y docenas de oficinas públicas.
En la plaza frontal se cantó por primera vez el Himno Nacional
Cañas-Aberle, el 15 de septiembre de 1879. Este emblemático palacio fue
destruido por un incendio el 19 de noviembre de 1889, cuando gobernaba
el general Francisco Menéndez.
Fue en el siglo XX cuando el gobierno de don Pedro José Escalón hizo
cuestión de honor el dotar al país de un Palacio Nacional antisísmico y
menos vulnerable a los incendios. Los planos fueron elaborados por el
ingeniero salvadoreño José Emilio Alcaine, y la construcción -en el
mismo terreno del viejo palacio- estuvo a cargo del notable general
ingeniero José María Peralta Lagos, el festivo escritor nacional. Fue
maestro de la obra el arquitecto y pintor Pascasio González, ayudado por
el insigne ingeniero Alcaine. Durante el gobierno del general Fernando
Figueroa (1907-1911) se continuó la obra monumental, la que abrió sus
puertas el 1 de marzo de 1911, en ocasión de la toma de posesión del
nuevo presidente doctor Manuel Enrique Araujo.
En el frontispicio se instalaron, en 1924, las estatuas de Cristóbal
Colón e Isabel La Católica, donadas por el rey de España. En el tímpano
se colocó, en 1926, un altorrelieve de bronce de Atlacatl, del artista
salvadoreño Valentín Estrada. Las columnas interiores son del orden
jónico. Cuatro escalinatas unen sus dos plantas, pero la del oriente
-con un busto del emperador Carlos I- lleva al bellísimo Salón Rojo,
destinado al protocolo. El candelabro central es de exquisita belleza.
El Salón Azul, al poniente, fue sede de la Asamblea Legislativa; el
Rosado, al sur, de la Corte Suprema; y el Amarillo, al Norte, albergó la
Cancillería. Tiene 64 salas grandes, 40 pequeñas y dos sótanos. Su
frente es de 76 m de largo.
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