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CÓMO NACIÓ EL VOLCÁN DE IZALCO
De cómo la llanura alcanzó los 1,830 m de altura.
En realidad, el cono perfecto que hoy llamamos volcán de Izalco no
existía en los tempranos días de la conquista-colonización, como
escribió don Francisco Gavidia: “Izalco un tiempo era / un declive sin
faldas ni estatura, / donde el sol dormitaba en la palmera / abanico
oriental de la llanura...” El Izalco es un volcán histórico. ¡Lo vieron
nacer nuestros antepasados!
No hay una partida de nacimiento exacto... Las autoridades coloniales no
eran rigurosas para hacer anotaciones científicas, por lo que la génesis
del hermoso cono izalqueño ha sido pautada por científicos asombrados
por el gran fenómeno. “Infiernillo” si los hubo desde mucho tiempo atrás
y se estima que los vio pedro de Alvarado. Otro notable viajero, Tomás
Gager, pasó en 1637 por La Trinidad de Sonsonate y reportó: “...De allí
sale continuamente un humo negro y espeso que huele a azufre y
llamaradas de fuego de tiempo en tiempo...”. Indudablemente lo que Gager
descubrió fue un Izalco en sus primeros tiempos, todavía “sin faldas ni
estatura”.
Esta antiquísima actividad geológica, bien documentada, hace desechar la
vieja creencia de que el coloso nació súbitamente, de un día para otro,
en 1770, en la hacienda ganadera de unos sorprendidos izalqueños. El
eminente científico salvadoreño Jorge Lardé Arthés se refiere a una
explosiva erupción del Izalco en 1753 y comenta: “Podemos decir que si
acaso tenía el Izalco un cono ya en 1753, éste debe haber sido tan
pequeño que se consideró como parte integrante del volcán de Santa
Ana...”
Y continúa el investigador: “A fines de 1769 se sintieron algunos
temblores, y en 1770 se produjo una importante erupción a partir de la
cual puede decirse empezó a acrecentarse el cono del Izalco de una
manera notable. “Esa espantosa explosión de 1770 no es cierta para la
geología, pero sí para el poeta: “Una noche el espíritu del mundo / sacó
de las entrañas de la tierra / una cima espantosa / un torrente de luz
que alumbró el mundo.”
Desde aquellos remotos tiempos, el Izalco eruptaba piedras, lava y
ceniza cada veinte minutos. Por ello lo llamaron “El Faro del Pacífico”.
En 1955, para asombrar al viajero con las cronométricas erupciones, se
construyó un hotel de montaña en el adyacente Cerro Verde. Cuando se
abrieron las puertas de aquel magnífico parador, el bellísimo volcán, ya
de 1,830m de altura, dejó de hacer erupción. Y continúa en silencio,
hasta la fecha...
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