PIRATAS EN LA COSTA SONSONATECA

Donde se cuentan las aflicciones de un Oidor de aquellos tiempos que se tulló de miedo.

Inglaterra, Francia y Holanda no se conformaron con quedar al margen de aquel colosal encuentro de riquezas en descubrimiento de América. Entonces estimularon un poder paralelo al de España: la piratería. Cuando ésta recibía patente de una autoridad para depredar libremente, los piratas se llamaban corsarios. La zona propia para asaltar convoyes y puertos fue la del Caribe. España respondió con una serie de fortalezas defensivas en La Habana, Veracruz, San Juan Porto Bello, Cartagena y otros puertos del Atlántico. El Pacífico estaba libre de las correrías piráticas hasta que, en otra avanzada española, Magallanes descubrió el paso de océano a océano por la Tierra del Fuego.

Francis Drake fue uno de los más atrevidos y opulentos corsarios ingleses. En 1578, siguiendo la ruta de Magallanes, Drake pasó de mar a mar. “Fácil es imaginar el temor cuando el virreinato meridional (Perú) se enteró de que las invioladas costas del mar del sur habían perdido su tranquilidad por culpa del inglés, cuyo nombre se decía con miedo...”

Diego García de Palacio era un Oidor de la Real Audiencia de Guatemala, metido a muchas cosas. Conocía las artes de atarazana, y estaba construyendo barcos en El Realejo, Nicaragua (hoy Corinto), cuando Drake bordeaba Centroamérica. Enterado, envió carta urgente a Guatemala, en donde la Audiencia resolvió, el 14 de abril de 1579,”...que se haga gente por mar para ir en seguimiento por dicho inglés”. Drake sólo se movió a Siramá en el Golfo de Fonseca para atrapar indígenas. Después, el corsario capturó un navío frente a Acajutla, aunque no llegó a desembarcar.

“Todos marcharon a La Trinidad (Sonsonate y Acajutla) a preparar la defensa del más importante puerto de la gobernación de Guatemala en el Pacífico y alistar la armada”. La Audiencia tomó en serio la oferta de García de Palacio de defender la corona española e ir tras el inglés en los navíos de El Realejo.

Con ánimos de pelea, el Oidor llegó a Acajutla con dos barcos y un bergantín. Diego de Guzmán, rico encomendero de Tecpán Izalco, fue nombrado capitán del ejército del área salvadoreña.

“La gran ceiba de Tecpán Izalco acoge bajo sus enormes y viejas ramas la bandería de Guzmán, soldados de fortuna que servían sus ejércitos en la lucha contra los herejes...”La partida de Acajutla se fijó para el 3 de agosto de 1579. Viendo la cosa cerca, García de Palacio entró en miedos, y en la víspera de la gran hazaña, el 2 de agosto, se declaró tullido del brazo y pierna por lo que no podía ir a la armada. Las enfurecidas autoridades de Guatemala presionaron a Diego de Guzmán para que fuera el almirante. Inútil persecución: a mediados de agosto, Francis Drake -que quizá nunca tuvo intenciones de atacar los pequeños puertos de estos reinos- ya iba muy lejos, Pacífico adentro, hacía Inglaterra. El pobre oidor no pasó a la historia por esta aventura, sino por su notable Carta de Relación de 1576, tesoro para la historia. “El tullido de La Trinidad mejor se hubiera quedado en el tintero, donde pertenecía”.
 

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