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EL MISTERIO DE IGUALTEPEQUE
Aquí se aclaran algunas cosas que antes fueron contadas con cierta
fantasía.
Ubicado en la zona noreste de el Salvador, el lago de Güija tiene
parajes de extraordinaria hermosura, en los que las tonalidades verdes y
azules de sus aguas y vegetación se conjugan para formar un conjunto que
reconfortan al viajero. Un treinta por ciento de sus 44 kilómetros
cuadrados pertenece a la vecina República de Guatemala, mientras que el
resto forma parte del territorio salvadoreño.
La suprema belleza de estas aguas acicateó una fantasía que inventó
vestigios fabulosos y ciudades milenarias hundidas en el fondo del lago.
Para 1858, las autoridades salvadoreñas de la zona afirmaban que, en el
fondo lacustre, existían edificios con columnas rematadas en capiteles,
vasijas, candelabros de plata y figuras esféricas del mismo metal de más
de una arroba.
Posteriores investigaciones aclararon que no hay tal ciudad hundida y
que los primitivos habitantes de la región no pudieron hacer columnas
con capiteles ni forjar elementos de plata. Probablemente, el núcleo
humano que corresponde al fantástico informe es el del cantón Belén-Güijat,
cercano a las riberas del lago.
La evidencia mayor de vida precolombina en dichos parajes la constituyen
varias enormes rocas grabadas (petroglifos), las que se encuentran en la
isla-península de Igualtepeque (o Ipaltepeque), muy próxima a la boca
del desagüe de aquellas aguas encerradas.
El significado náhuat de ese topónimo es “cerro como banco (o silla)”.
En 1924, el sabio salvadoreño Jorge Lardé y su amigo alemán Karl Sapper
descubrieron la “Piedra del Sol y la Luna”, ubicada en el llamado Valle
de las Figuras. Desde entonces, la duda que salta ante la vista de los
investigadores del presente y del futuro se centra en saber quiénes
hicieron esos sugestivos petrograbados de Igualtepeque.
El Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán, que exhibe en su sala
monumental a varios petroglifos de Igualtepeque, los ha datado en el
período clásico tardío (900 d.C.),aunque no descarta la posibilidad de
que haya sido esculpidos por pueblos de tiempos anteriores.
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