DON VICENTÓN

Hace varios años, aproximadamente en la primera mitad de este siglo, vivía en la villa de Tejutepeque, municipio del departamento de Cabañas, La familia de Espinosa, personas muy respetadas por todos, siendo esta de las mas acaudaladas de la población.

Miembro de esta familia era Don Vicente, conocido por los habitantes como don Vicentón o Don Chentón, cuyos sobrenombres se debían a su corpulencia. Era un hombre blanco, y bastante robusto; casado con doña Nicolasa.

Don Vicentón guardaba su dinero en cajones de madera, el cual con la humedad y el tiempo, algunas veces tendía a humedecerse y a desearse. Don Vicentón y su familia sacaban a asolear el dinero en cueros secos de reses, los que eran extendidos en la calle frente a su casa, moviéndolos constantemente hasta que se tostaban como hojas secas, guardándolos nuevamente en los baúles. Esta operación la realizaban cada cierto tiempo.

La gente de esa época comentaba que ese dinero “era mal habido”, que don Vicentón lo había hecho pacto con el demonio y por eso tenia ese dinero.

También cuentan que don Chentón podía convertirse en el animal que el quería. Se convertía en marrano, culebra, mula, etc., así como en racimo de guineos. Esto lo hacia para poder escuchar las conversaciones de las personas o para molestar a quien le caía mal.

En cierta ocasión llego una familia a residir a Tejutepeque y a la hora de almuerzo, cuando la comida estaba lista, entraba bufando un gran marrano, que pasaba botando la mesa, con todo lo que estaba sobre ella. Y cuando trataban de pegarle se abalanzaba contra ellos. Inmediatamente salía a la calle, desapareciendo en el momento. Esto mismo sucedió en varias ocasiones y aunque trataban de golpearlo para espantarlo, no podían ni aun con machete.

El señor de la casa pensó que eso no era cosa buena y curo un machete con ruda y rezo para hacerle frente al hechizo.

Fue así como al siguiente día que entro nuevamente el marrano e hizo lo mismo, pero en esta ocasión le dio un machetazo a una pata. Al momento salio huyendo, sangrando y entrando a la casa de don Vicentón.

Ese mismo día, por la tarde se comentaba por todo el pueblo que a don Vicentón lo habían herido de una pierna, sin que nadie se explicara como había sucedido.

Esta es una de las tantas historias de don Vicentón que la gente cuenta y recuerda de sus padres y abuelos

También cuentan que en varias ocasiones doña Nicolasa lo encontraba convertido en racimo de guineos, colgado del techo de su casa o caminando sobre las paredes, como si caminara sobre el piso.

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