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EL PARTIDEÑO
¿Quién fue el Partideño? ¿De dónde era? La leyenda, llena de
conjeturas, nos habla de varios Partideños, en distintos lugares del
país (y aún de Centro América) y en diferentes épocas.
En casi todas las versiones, el Partideño es presentado como un
bandido generoso que roba a los potentados y usureros para favorecer
a los necesitados. En estos términos es un equivalente tropical de
aquel Robin Hood inglés, que simboliza el deseo universal de
favorecer a los pobres.
La presente versión nos lo ubica por los rumbos migueleños y al
final de los días coloniales. Al deseo justiciero se añade el de
venganza, surgido por agravios sentimentales recibidos. Un joven
trabajador concierta matrimonio con una muchacha ladina, la que, a
su vez, es requerida por don Luís, un acomodado pueblerino. Éste
decide secuestrar a la recién casada en su fiesta de bodas, cosa que
logra con la ayuda de sus parciales. Naturalmente, el burlador huye
con su presa a fin de escapar del afrentado marido. Éste localizó
-en un pueblo lejano- al afrentoso enemigo en casa del padre.
Sigilosamente entró al aposento y se escondió, puñal en mano. Pero
aquella noche, Luís no pernoctó allí sino que su padre, quien fue la
víctima mortal e inocente del vengador.
Derrumbado moralmente, el afrentado esposo dejó sus labores y se
convirtió en prófugo de la ley y dirigente de un partido de
facinerosos, que operaba en el oriente salvadoreño. Entre tanto,
Luís vivió a salto de mata, evadiendo al vengador. Se sabía que no
lo acompañaba la mujer de la discordia.
La gira ladronezca hizo aparecer al personaje aquí y allá. Así pasó
muchos años, vagando por riscos y montañas como salteador de
caminos, quizá con la esperanza ya extinguida de hallar al hombre
que tanto odiaba.
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