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LA POZA DE LA CIGUANABA
Allí llegaba ella a bañarse...
Esta leyenda es común en todo el territorio salvadoreño y está
relacionada a pozas, ríos o caminos. Dicen que ella se aparecía de
pronto entre la exuberante naturaleza.
Allí llegaba la Ciguanaba a bañarse, se reía a carcajadas y después se
mecía en los bejucos para que los hombres la vieran.
Se convertía en una linda joven desnuda y
con su abundante cabellera larga se mecía y los llamaba, mientras
cantaba. Los hombres que, por curiosidad, bajaban hasta la poza, eran
presas y atontados por su belleza. Después, se los llevaba río abajo.
Mucho tiempo más tarde, aquellos hombres
aparecían en otro lugar, desolado, oscuro y sumamente alto, del que les
era muy difícil salir. Como resultado de esos encuentros, aquellos
hombres quedaban “jugados” (tontos), arañados y con la ropa desgarrada.
Cierta vez, dos hombres se pusieron de acuerdo para atrapar a la
Ciguanaba y matarla, pero el destino fue cruel para ellos. La Ciguanaba
los “jugó” tanto que quedaron locos para toda su vida. Según cuentan las
personas lugareñas, desde entonces esa poza quedó hechizada y dicen que
las personas que no son de allí y toman agua de esa poza, se quedan en
lugares cercanos para siempre, atrapados por el misterio del lugar y de
las apariciones de esa belleza legendaria, que clama sus amores y
dolores por las orillas de los ríos y las pozas.
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