LOS VEINTIUNEROS

Esta palabra: "Los veintiuneros", aparentemente pintoresca, esconde uno de los sucesos más trágicos de la historia salvadoreña.

En 1875 se daba en la ciudad de San Miguel un verdadero conflicto entre pobres y adinerados. Los barrios desheredados tenían como párroco y defensor al padre José Manuel Palacios, en tanto que los acomodados, agricultores y comerciantes eran feligreses del Padre Sabino Bustamante en la iglesia central. Estos últimos pedían al presidente de la República, Mariscal Santiago González, que presionara al obispo José Luís Cárcamo y Rodríguez para que retirara de San Miguel a Palacios. Lejos de complacer al presidente, el obispo retiró a Bustamante y nombró párroco general de la ciudad a Palacios. Este pedía justicia para la pobrería, incluso que no se cerraran los caminos hacia las fuentes de agua. Para entonces, muchas tierras comunales habían sido privatizadas. La plaza de San Miguel era al aire libre y las mujeres se negaban a entrar al nuevo mercado cerrado que habían construido las autoridades. El alcalde, el gobernador y el comandante anunciaron que harían entrar a palos a las vendedoras. El padre Palacios tomó partido por estas últimas y arreció sus prédicas agitadoras. Cuando se quiso ejecutar la orden encerrar a las mujeres en el mercado se corrió el rumor de que el propósito de esta acción era darles fuego dentro del edificio. De los arrabales, caseríos y cantones aledaños al volcán bajaron miles de campesinos enardecidos el 21 de Junio de 1875. Tomaron San Miguel, incendiaron varios barrios, saquearon las tiendas y asesinaron al gobernador y al comandante.

El presidente González acudió con sus tropas y recuperó la ciudad. Sin mayor juicio, fusiló a más de cincuenta personas. Expulsó del país al obispo Cárcamo y a los principales miembros de la Curia de San Salvador. El padre José Manuel Palacios fue sentenciado a muerte, pero la pena fue conmutada por el exilio. Durante mucho tiempo, la Diócesis de El Salvador fue atendida desde Chinandega, Nicaragua, por el expulsado obispo. Estos son los graves sucesos que nuestra historia recuerda como "Los veintiuneros".

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