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LA FLOTILLA DE
MORAZAN EN EL GOLFO DE FONSECA El general Francisco Morazán vivió en Lima, Perú, después de su
trágica derrota en Guatemala por Rafael Carrera, el 19 de marzo de
1840. Prácticamente, todos los gobernantes del Istmo –por temor o
por convicción- se alinearon con el régimen ultraconservador de
Guatemala.
Entre tanto, graves acontecimientos amenazaban la independencia
centroamericana. Los ingleses, que ambicionaban realizar para su
beneficio el paso interoceánico vía San Juan-Lago de Nicaragua,
venían alentando la rebelión de los Misquitos de la Costa Atlántica,
quienes constituirían "el reino Mosco" bajo la protección de Gran
Bretaña. Morazán se enteró de esa aflictiva situación cuando
planeaba un viaje a Chile desde Lima. ¡Cambió su ruta y decidió
volver! En febrero de 1842 estaba en la bahía de La Unión donde se
puso a la orden del gobierno salvadoreño para luchar contra la
amenaza extranjera. El gobierno de Escolástico Marín rechazó su
ayuda y le ordenó dejar el territorio centroamericano.
Zarpó rumbo a Acajutla y llegó a Sonsonate. Una vez más comprobó que
muchos notables lo evitaban y le hacían el vacío. Entonces se jugó
su última carta: filtró mensajes al pueblo en abierta rebelión para
reconquistar el poder. Reunió 500 hombres y volvió al Golfo de
Fonseca. Se le unió el notable general francés Isidro Saget, con su
barco "Isabel II". Ya para marzo fondeó sin flotilla frente a la
isla de Martín Pérez en el Golfo. Sus naves eran los bergantines con
cañones "Cruzados" y "Cosmopolita", y las goletas "Isabel II",
"Asunción Granadina" y la "María Josefa", la pequeña isla fue
cuartel general.
Demostró sus intenciones y zarpó hacia Costa Rica, hacia su trágico
final. Con la ayuda del jefe del ejército costarricense, el general
Vicente Villaseñor, derrocó al presidente dictador Braulio Carrillo.
El pueblo lo aclamó como libertador y la Asamblea lo proclamó
presidente de Costa Rica el 15 de julio de 1842; entonces cometió la
mayor imprudencia política y militar de su vida. Quiso reclutar a un
ejército en aquel pueblo pacífico, para reunificar Centro América.
Aterrorizados, los ticos se insurreccionaron. El general Francisco
Morazán y el general Vicente Villaseñor fueron fusilados en San
José, a las seis de la tarde del 15 de septiembre de 1842.
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