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EL CADEJO Y LAS
ANDANZAS DE DON ISAAC Viniendo don Isaac del caserío de Santa
Clarita, en una noche oscura, sintió miedo y rezaba para que no le
asustaran. De repente, vio a lo lejos un focazo lento. Temeroso se
metió en una zanja, favoreciéndole que vestía una mudada oscura.
Después de una espera un poco larga, pasaron tres agentes de aduana
que iban por la carretera.
De repente vio una corona que le cubría y se percató que tenía atrás
un cementerio. Salió de su escondite y siguió caminando hasta llegar
al desvío de San José, en donde le salió un cerdo grande y gordo. Lo
siguió por un buen rato y luego se desapareció.
Entró a la ciudad de Pasaquina cuando sonaron las doce campanadas
del reloj; se detuvo frente a una casa de puerta-esquina, donde se
encontraba un pequeño animal que parecía un perro; fue entonces que
se dio cuenta que era el cadejo, su pelo brillaba de negro, sus ojos
parecían dos brasas. En ese momento empezaron a clorar las gallinas
y los perros aullaban...
Don Isaac quiso hacer valor pero sintió que el cuerpo se le
estremecía, y gracias a las copas que se había tomado no fue mucho
el miedo que sintió... Pudo por fin armarse de valor y escapar
corriendo hasta alejarse del lugar.
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