EL TIGRE Y EL VENADO

Ya hace mucho tiempo, cuando San Juan Nonualco era un puñado de ranchitos de paja dispersos por los cuatro puntos cardinales; cuando aún no había luz de faroles, porque no había postes dónde ponerlos; cuando todavía no se anunciaba la hora de engendro…, dentro de ese puñado de ranchitos se encontraba el de don Pedro de la O, hombre famoso en el lugar por ser buen cazador, ya que donde ponía el ojo ponía la bala.

Aquel día amaneció era espléndido, era un día de abril, último mes del verano. Don Pedro se alistó con su escopeta y demás enseres para salir de caza. Al filo del mediodía, con su equipo de perros se internó en aquellas montañas de Dios. Se dirigió a los lugares buenos para cazar. La suerte le proporcionó, en uno de los recodos, un hermoso venado; caminando sigilosamente hace callar a los perros, apunta y dispara. El venado dobla sus patas delanteras y queda tumbado; un hilito de sangre cubre la parte media de la cara. Los espectadores de la muerte hacen mover violentamente aquel cuerpo salvaje, pero eso no dura mucho y luego viene la inmovilidad.

El señor de la O puso el cadáver sobre sus hombros y emprendió el regreso. Al llegar al paso de La Zorra, baja su enorme trofeo para pasar un cerco, lo traslada y nuevamente lo carga. Reiniciando la caminata siente cuando un gran tigre le cae encima. Don Pedro quedó debajo de las bestias, empezó a luchar pero sin ningún resultado, los perros ladraban y se abalanzaban sobre el animal en defensa de su amo.

Don Pedro clamaba desesperadamente ayuda al Señor de la Caridad. El tigre se detuvo como si le hubiera caído una descarga eléctrica; arrastró el cadáver del venado del desmayado don Pedro y se alejó hacia la selva.

Al día siguiente, desmayado y herido, lo encontraron unos campesinos. Fue llevado a su casa y curado. Don Pedro prometió presentar su caso, pero en vivo. En las fiestas de mayo, en honor al Señor de la Caridad sale la mascarada del tigre y el venado, en la cual el viejo representa a don Pedro; la vieja, a su esposa; y al tigre, a la bestia que lo atacó.

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