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LA PUERTA
DEL DIABLO
De cómo se partió en dos el cerro El Chulo.
En jurisdicción de Panchimalco, en medio de la zona turística de Los
Planes de Renderos, se levanta un enorme peñasco, casi desprovisto de
vegetación, pero desde el cual es posible divisar un paisaje cautivador.
Se trata del cerro el Chulo, una masa orográfica dividida en dos grandes
secciones, a las que el poeta Raúl Contreras bautizó con el nombre de
Puerta del Diablo, con el que es conocido en la actualidad por la
población salvadoreña.
Según cuentan los registros históricos, la afluencia de aguas de lluvia
ocurridas en octubre de 1762 fue muy abundante, al grado tal que muchos
ríos salieron de sus cauces y se produjo una serie de deslaves de lodo y
piedra en diversas montañas de la zona central, la entonces zona
provincial de san Salvador. El pueblo indígena de Santa Cruz Panchimalco
no escapó a la furia acuosa de ese cielo que amenazó con anegar a
diversas localidades salvadoreñas. Ante el ímpetu de la naturaleza, el
compacto cerro El Chulo empezó a sufrir el socavamiento de sus bases,
por lo que la parte central, formada en su mayor parte por tierra, se
derrumbó y se precipitó hacia el abismo cercano. En su súbito como
mortal desgarramiento, el celoso ocasionó un torrente de lodo, piedras y
árboles descuajados que, en pocos momentos arrasó con algunos barrios de
la vecina Panchimalco.
Sin embargo, la tradición popular sostiene que fue el propio señor de
los infiernos el que, subió en un caballo negro del que emanaba un
azufrado hedor, se estrelló contra aquel macizo, mientras huía hacia sus
dominios infernales, tras haber realizado alguna diablura en los
alrededores.
En un abrir y cerrar de ojos, la historia salvadoreña narra cómo aquel
paisaje cambió de forma radical. Desprovisto de su parte terrosa
central, el cerro quedó expuesto como dos farallones de piedra. A través
de ellos, el turista actual puede disfrutar de una espléndida ojeada
hacia el rumbo suroriental del país, pleno de volcanes, lagos y
serranías, con diversas poblaciones recortadas contra el fondo.
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