LA BÚSQUEDA DE LA RECONSTRUCCIÓN CENTROAMERICANA XIII

POLITICA


En esta sección se examinan las tendencias políticas que se venían desarrollando desde el comienzo de la guerra civil en el nuevo contexto de la ruptura de la unidad centroamericana, teniendo cuidado de identificar los elementos nuevos.

La política salvadoreña en la década de 1840 y 1850 fue dominada por las grandes tendencias de la época. La primera y la principal fue la lucha encarnizada de las facciones, endurecida en El Salvador desde 1832 por el derrocamiento de José María Cornejo, por Morazán. En 1840, los líderes de Morazán hizo prisioneros o mandó al exilio en 1832, 1834 y 1836 aprovecharon para retornar al poder político. Los líderes militares derrotados en Guatemala en 1840 y los partidarios políticos de Morazán en San Salvador salieron al exilio a Sur América. Regresaron a Costa Rica con Morazán para derrocar al gobierno de Braulio Carrillo. El pueblo de San José se insurreccionó contra Morazán al conocer que preparaba una invasión al norte de Centroamérica. Fue capturado y fusilado el 15 de septiembre 1842. A sus partidarios sobrevivientes a la tragedia se les permitió regresar a El Salvador por tratado firmado entre gobierno costarricense y el gobierno salvadoreño, el 15 de octubre de 1842. Este grupo formó una poderosa facción donde destacó Gerardo Barrios. Estas facciones representaban las dos tendencias principales en que se fue diferenciando el liberalismo salvadoreño hasta dividirse en las facciones: constitucional y absolutista. Personajes como Antonio José Cañas representaban en 1840 la línea constitucional; en un esfuerzo por defender la Constitución en momentos en que esos textos eran irrespetados constantemente.

Gerardo Barrios fue el hombre de la guerra, del gobierno de un solo partido encabezado por su persona, generador de un culto a su personalidad, de cambios progresistas violentos, realizados a cualquier precio, usando el método del despotismo ilustrado; demostró ser digno sucesor de Morazán y antecesor de Julio Rufino Barrios, uno de los grandes dictadores progresistas de Centroamérica. Gerardo Barrios ha pasado a la historia como paladín del liberalismo empero es más claro que su pensamiento era absolutista.

Existen muchos ejemplos de la trayectoria facciosa y absolutista en la carrera política de Gerardo Barrios. Para ilustrar basta señalar su conducta reprochable al finalizar la Guerra Nacional en Nicaragua, en mayo de 1857. Barrios usó las fuerzas militares bajo su mando para regresar e intentar derrocar al presidente Rafael Campo, quien lo había enviado a Nicaragua, como lo ilustra Francisco Monterrey.

Carlos Gregorio López muestra como surgió el culto a Gerardo Barrios a partir de 1882, ante la necesidad de tener héroe nacional que complementara el culto a Morazán. Según López, el reconocimiento a Barrios surge más de la falta de candidatos que de sus méritos:

"...en la construcción del mito tuvo mucha importancia el hecho de que en las filas liberales no existían candidatos más idóneos… Además, en este proceso de selección tuvieron mucho que ver los historiadores liberales… De allí que en realidad el desempeño de Barrios como gobernante no haya sido fundamental para elegirlo como héroe nacional. Buena parte de lo que se ha señalado como sus grandes logros ha sido más bien producto elaborado por sus apologistas".

 

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