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LA BÚSQUEDA DE LA RECONSTRUCCIÓN CENTROAMERICANA
EL SALVADOR ENTRE LA LUCHA DE FACCIONES Y LA ORFANDAD CENTROAMERICANA
LA SITUACIÓN INTERNACIONAL
Durante la colonia, Nueva España ejercía gran influencia en el Reino de
Guatemala. Luego de la independencia en 1821, México fue, sin duda,
determinante en los asuntos internos centroamericanos. San Salvador fue
el foco principal de resistencia en contra de la anexión a México en
1822 y líder de la independencia con respecto a éste en 1823. Estados
Unidos, recién independizado, no representaba ninguna amenaza para
Centroamérica. Inglaterra, con su dominio de los mares desde 1763, ya
incidía con su presencia en Belice. Sin embargo, en 1821 Inglaterra no
tenía el poder suficiente para imprimirle el rumbo a los destinos del
istmo. Basados en estos hechos se deduce que la crisis que llevó a la
guerra civil en 1826, así como todos los conflictos que ella
desencadenara, fue responsabilidad directa y conjunta de los líderes
políticos centroamericanos.
En la década de 1840 hubo un cambio en la situación internacional que
afectó directamente a la región. Estados Unidos e Inglaterra comenzaron
a disputar su control con miras a la construcción de un canal
interoceánico. En esos días, se pensaba que podría ser construido en
Nicaragua o en Panamá. A Estados Unidos le interesaba Centroamérica como
vía de paso hacia California, en donde se había descubierto oro y
existía una numerosa y cada vez creciente inmigración de la región
oriental norteamericana.
A Inglaterra le interesaba el control de le región para expandir sus
mercados, consolidar su presencia en Belice y el Caribe, controlar la
construcción del canal, y abrir una ruta comercial al Asia. Francisco
Monterrey hace un resumen de la presencia inglesa en Centroamérica en
1840: En Guatemala ocupaba Belice; en Honduras, la isla de Roatán y
pretendía posesionarse de Amapala, en el golfo de Fonseca; en Nicaragua,
ocupaba el puerto de San Juan del Norte y la Mosquitia; en Costa Rica,
campeaba su presencia en las Bocas del Toro, mientras que en México
pretendía anexarse Socónusco.
Por consiguiente, se observaban dos alineamientos en cuanto a las
potencias, que llega hasta el presente. El nuevo régimen de Guatemala, a
partir de 1840, fue adepto del gobierno inglés y opuesto a la
reunificación de Centroamérica. Sobre esta posición, que ha sido objeto
de estudio, los comentaristas coinciden en señalar que Rafael Carrera se
opuso a los diferentes proyectos de reunificación.’ La posición e
influencia de Inglaterra fue muchas veces exagerada. Mario Rodríguez ha
demostrado que el cónsul británico Frederick Chatfield apoyó
inicialmente la unión centroamericana, pero a partir de 1840 fue su
jurado ene migo. Inglaterra le apostaba a la estabilidad interna de los
Estados y a una Centroamérica dividida que no le pudiera hacer
resistencia a su política. No es de extrañar la alianza guatemalteca con
Inglaterra, pues importantes hombres del régimen, como Juan José
Aycinena, tenían manifiestas simpatías por Albión. Precisamente éste, en
la década de 1820, las dejó claramente expresadas en su célebre El toro
amarillo. Las simpatías de los círculos influyentes guatemaltecos con la
forma de gobierno monárquica no sorprende. Historiadores, de la talla de
Jorge Luján Muñoz, definen la presidencia vitalicia de Rafael Carrera,
asumida a partir de 1844, como una monarquía.
La posición guatemalteca ante las invasiones inglesas fue diferente a la
observada contra la ocupación norteamericana. En un artículo de la
Gaceta del Salvadoi de 1850, se menciona que cuando Inglaterra ocupó la
isla El Tigre, en Honduras, el gobierno hondureño convocó a sus amigos
centroamericanos para que tomasen parte en la defensa de Centroamérica.
Se dirigió al de Guatemala pidiéndole una declaraci6n expresa sobre si
le secundaba en su noble propósito y la respuesta fue el silencio. Esta
posición contrasta con la política adoptada por Guatemala en el caso de
la Guerra Nacional contra los filibusteros de William Waiker, en 1856,
cuando Guatemala envió tropas para defender a Centroamérica.
El Salvador, Honduras y Nicaragua demostraron más afinidad con Estados
Unidos considerándolo su aliado. Los salvadoreños siempre consideraron
el sistema político norteamericano digno de imitar, hasta el punto en
que ante la anexión de Centroamérica al Imperio de Agustín de Iturbide,
en 1822, acordaran solicitar a la unión americana ser un Estado más de
ésta. El Salvador sin la federación sufría una especie de orfandad y
buscó la unificación sin desestimar el tortuoso camino de la guerra para
lograrla. Como la unificación con Guatemala estaba bloqueada por los
mismos guatemaltecos, se buscó crear una confederación con Honduras y
Nicaragua. Estos tres países, con un cierto tono de ingenuidad, como
quedaría demostrado en el futuro, consideraban a Estados Unidos un
aliado que podía contraponerse a la influencia inglesa.
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