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EL RÉGIMEN Y LA REVOLUCIÓN DE 1829
La tradición identifica a la revolución de 1829 con el liberalismo.
Nosotros ponemos en duda esa caracterización el examinar las ideas
políticas y los hechos. En los estudios existentes se concluye que la
revolución morazánica no fue precisamente una revolución liberal sino
que más bien fue una revolución dominada por las ideas monistas del
despotismo ilustrado y republicanismo antiguo. Esa revolución significó
una derrota profunda para el liberalismo, el republicanismo moderno y el
federalismo. En términos de ideas, sorprendentemente triunfaron las
políticas, que tenían una mezcla de la tradición absolutista borbónica
mezcladas con elementos muy evolucionados de la modernidad. Las fuerzas
derrotadas fueron las que rompieron con la tradición borbónica, aunque
conservaban el principio de la moderación. La victoria del despotismo
ilustrado tuvo trágicas consecuencias para Centroamérica y en particular
para El Salvador ya que el modelo se expandió de Guatemala hacia estas
tierras, sembrándola de contradicciones, guerras, miseria económica y
terminó anarquizándola. En el largo plazo, despotismo ilustrado de los
años treinta sirvió de puente al despotismo ilustrado de los seguidores
de Morazán en la segunda mitad del siglo XIX.
Los elementos que ratifican estas apreciaciones están basados en la
conducta del régimen con la oposición y con los mismos aliados que les
ayudaron a llegar al poder. Desde el momento de la victoria, Morazán
pretendió restablecer el funcionamiento de la Constitución. Esto no era
posible porque se establecía un gobierno de facción y las Constituciones
están precisamente hechas para evitar eso. Se convocó a los diputados de
la facción que quedaban del Congreso para dictar la legislación. Se
nombró a Francisco Barrundia como presidente en su calidad de senador
más antiguo, y a Mariano Gálvez como presidente del Congreso. Morazán
era el poder militar detrás del trono. No perdieron tiempo en lograr el
objetivo por el cual comenzó la guerra: eliminar la oposición. En el
periodo comprendido entre abril de 1829 hasta marzo de 1830, Guatemala
vivió un terror sin guillotina. En ese periodo se conocieron decretos y
medidas que escandalizaron por la dureza, sin precedentes en
Centroamérica, pero que no sorprenden después de ganar una guerra. El 19
de abril se tomaron prisioneros a los líderes más importantes de la
oposición, asociados a la familia Aycinena. A iniciativa de Gálvez se
aprobó un decreto que exigía adhesión al nuevo sistema para trabajar en
el Gobierno. El 9 de julio, Morazán decidió enviar al exilio a todos los
prisioneros, con excepción de Arce, Beltranena y Mariano Aycinena. El
germen de la burguesía guatemalteca fue destruido. Se dio la expulsión
del Arzobispo Ramón Casaus y las órdenes religiosas franciscanas,
dominicos y recoletos, seguido de la confiscación de sus propiedades. El
decreto del 22 de agosto de 1829 establecía la posición final con
respecto a los prisioneros. Se perdonaba la vida a Arce y Aycinena y se
les condenaba a exilio perpetuo. A todos los líderes se le condenaba a
lo mismo. Todos los funcionarios del gobierno llamado intruso tenían que
devolver su salario. Por último, se condenó a los exiliados a la
confiscación de un tercio de sus propiedades.
Con la victoria total del nuevo régimen se pensó que vendría un periodo
de paz y un esfuerzo serio por respetar la Constitución.
Sorprendentemente no fue así. régimen defensor de la Constitución tenía
que legitimar su situación, en la cual no existía oposición organizada
la en tres Estados; se convocó a elecciones, donde competía
fundamentalmente un partido único, conocido como partido liberal.
Gracias a su prestigio militar, Morazán fue electo Presidente y tomó
posesión el 16 de septiembre de 1830. Pedro Molina fue electo Jefe de
Estado y Antonio Rivera Cabezas Vicejefe. Ambos eran líderes más
destacados en la guerra civil. Tomaron sesión el 30 de Agosto de 1830.
Lamentablemente, las divisiones intestinas características de la
coalición victoriosa afloraron rápida mente. Molina como Jefe de Estado
tuvo roces con Morazán, quien le reclamaba falta de apoyo para combatir
un grupo rebelde en Honduras, de los que aparecerían muchos durante la
década. Pero su pecado fundamental fue publicar un artículo en El
Boletín, donde proponía una reforma constitucional para crear una
Confederación. Barrundia, como principal arquitecto la Constitución, se
sintió ofendido. Gálvez, como lo mostró Juan de Dios Mayorga, maniobraba
para llegar a ser Jefe de Estado. Barrundia dominaba la asamblea y con
acusaciones ridículas se le hizo juicio político a Molina el 9 de Marzo
de 1830. Molina fue clarado inocente por la Corte pero la Asamblea se
negó a restituirlo. Asumió Rivera Cabezas y, en una violación clara de
la Constitución, la Asamblea decretó realización de nuevas elecciones
antes de que cumpliera su periodo. Se convocó a elecciones y salió
electo Mariano Gálvez, quien asumió el mando el 28 de agosto de 1831. De
esta manera, el régimen consolidaba el método del despotismo electivo
para conservar el poder de las facciones. Estos acontecimientos
desconceptuaron al régimen y las críticas arreciaron, enfocándose en la
denuncia de un nuevo régimen absolutista y en la necesidad de reformar
la Constitución. La crítica no salió de la pluma de los opositores,
Molina se convirtió en dedo acusador.
El régimen de Gálvez, en Guatemala, y Morazán, a nivel federal,
desarrolló una serie de medidas progresistas que son encomiables.
Declaración de libertad de cultos en 1832; creación de la Academia de
Estudios, ese mismo año, en sustitución de la Universidad de San Carlos;
la modernización del sistema de jurados, introducido en 1837, que
contribuyó a la reacción de los indígenas en contra del régimen. La
controversial reforma agraria que contemplaba la privatización de
tierras reclamadas por indígenas, ladinos, campesinos y terratenientes.
Su déficit estaba en el hecho de que quiso hacer reformas muy avanzadas
usando la forma absolutista para tomar decisiones. El absolutismo no era
individual sino colectivo, ya que se usaba el sistema de facciones y un
sólo partido, permitiendo poco espacio a la oposición. Desde el punto de
vista político fue imposible consolidar la Constitución o reformarla, ya
que sus líderes estaban atados al proyecto original y habían
desarrollado intereses. La visión exclusivista de partido único fue la
causa principal que llevaría al colapso del régimen. Con la revolución
de 1829 las causas de la guerra no se solucionaron sino que se
multiplicaron. Focos han entendido las consecuencias negativas del
régimen de 1829-1938. Lo más importante es que crearon las condiciones
para el colapso del programa ilustrado, de la destrucción y
desconceptualización de los principales líderes y de una anarquía que
llevó a la desintegración de la unidad centroamericana a partir de 1838.
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