Fundación del Gobierno Constitucional en El Salvador y Centroamérica II Parte

Influencia de Los Salvadoreños Después de La Caída del Imperio Mexicano

Para entender la influencia del liderazgo salvadoreño en la Asamblea Nacional Constituyente, se e hacer un revisión de los dramáticos hechos relacionados con la resistencia a la anexión a México. Esos hechos informan acerca de la personalidad de José Matías Delgado, Manuel José Arce, Juan Manuel Rodríguez y Juan Vicente Villacorta. En esa gesta, ellos tomaron decisiones atrevidas que pudieron costarles la vida. El 11 de enero de 1822, Delgado, como Intendente y Gobernador de San Salvador, el Ayuntamiento y la Junta Consultiva de Gobierno, desconocieron a la Junta Consultiva de Gobierno de Guatemala por haber decretado la anexión a México. La Junta Consultiva se transformó en Provisional Gubernativa, nombrando a Delgado como presidente y se declaró la separación de Guatemala en lo económico político y gubernativo. Estos actos configuraron una segunda declaración de independencia que comienzan a confirmar la tendencia del extremo celo autonómico. El gobierno derrotó una invasión guatemalteca encabezada por el General Manuel Arzú, el 3 de junio de 1822. La Junta Provisional Gubernativa también tomó una de las decisiones más polémicas de la época: el 30 de marzo de 1822 erigió el Obispado de San Salvador haciéndose nombrar Delgado, Obispo. Como provincia independiente podía hacerlo, mediante una precaria interpretación del Patronato Real que confería a la Corona española el nombramiento de los obispos. El paso dio origen a un cisma religioso ante la oposición del Arzobispo de Guatemala, Ramón Casaus, y del Vaticano que denegó la ratificación de la erección de la Mitra.

La provincia de San Salvador, en estos tumultuosos días, separada de Guatemala, había comenzado a gobernarse independientemente y a constituir sus órganos estatales. Se convocó a un Congreso Legislativo Extraordinario, que inició sesiones el 10 de noviembre de 1822. Este cuerpo político ratificó la erección de la Diócesis en San Salvador y el nombramiento de Delgado como Obispo. Delgado devino, así, un hombre poderoso al ocupar, simultáneamente, las máximas sillas del poder secular y espiritual.

Mientras tanto, los guatemaltecos fueron fácilmente derrotados, pero las tropas mexicanas, dirigidas por el nuevo Capitán General, brigadier Vicente Filísola nombrado por Iturbide (quien reemplazó a Gabino Gaínza), eran superiores. Delgado y el Congreso salvadoreño, como medida dilatoria, trataron de negociar la incorporación al Imperio mexicano para ganar tiempo. Filísola no aceptó las propuestas de San Salvador, y éste respondió, el 5 de diciembre de 1822, con la incorporación a los Estados Unidos de América. Este paso, de indudable astucia, poco conocido y entendido, en su momento tuvo gran relevancia. El emperador Agustín de Iturbide ordenó la toma de San Salvador, la que se logró el 9 de febrero de 1823 sin mucha resistencia. La ciudad fue tomada, pero quedó constancia de su determinación por lograr autonomía e independencia.




Cuando se conoció la caída del Imperio mexicano e Iturbide, en San Salvador pasaron dos acontecimientos interesantes que dan noticia de la actitud de los salvadoreños. Filísola convocó a la Asamblea Nacional Constituyente el 29 de marzo de 1823. El 4 de abril, al conocer la noticia la población de San Vicente, encabezada por Juan Vicente Villacorta, obligó a los soldados mexicanos y guatemaltecos a desocupar la plaza. En San Salvador, en el mes de mayo, el Ayuntamiento y el pueblo amotinado obligan al Intendente y Gobernador impuesto por México, Felipe Codallos, y a sus soldados a evacuar la ciudad. Mariano Prado fue nombrado Jefe Supremo Político y gobernaba cuando se estableció la Asamblea Nacional Constituyente.

La declaración de independencia por la Asamblea Constituyente era esperada. Con México fuera de la disputa, la naturaleza de las nuevas instituciones, en particular la Constitución, se decidiría entre Guatemala y las provincias del sur. San Salvador sería el rival más importante de Guatemala, su determinación en la lucha contra el imperio mexicano había demostrado de lo que eran capaces. Para los salvadoreños, la derrota militar ante México se transformó, de la noche a la mañana, en una victoria política y moral que los ponía en ventaja para incidir en materia constitucional y, particular mente, en el punto del federalismo. La determinación de Delgado en este punto era tan fuerte, que ni su mismo sobrino, Manuel José Arce, se atrevió a defender el centralismo que profesaba públicamente. En Guatemala, las posiciones en favor de la anexión y la monarquía constitucional liberal perdieron fuerza. El futuro pertenecía a los defensores de la idea republicana. Este es el marco en el que comenzó la Asamblea Nacional Constituyente.

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