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Fundación del Gobierno
Constitucional en El Salvador y Centroamérica
Desarrollo y Consolidación de ciertas características generales de El
Salvador
El fracaso del Imperio constitucional mexicano, dio
impulso a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente
centroamericana. Ésta inicia sus sesiones el 29 de junio de 1823,
declarando el 1 de julio la independencia absoluta de España, de México
y de cual quiera otra potencia extranjera. Con esta declaración,
Centroamérica inicia la gran tarea de culminar la revolución intelectual
y política iniciada años antes, la cual Sarbelio Navarrete
magistralmente la describe así:
"La obra de los próceres, he dicho, implicaba
necesariamente una revolución, una doble revolución: la primera sería el
implantamiento o adopción de las ideas de la época, y la segunda la
organización del Estado centroamericano. Era una doble lucha en que todo
iba a ser removido —instituciones y credos, derechos y costumbres—, para
adaptarse a otras formas de evolución más avanza da; y porque se
necesitaba además, y antes que todo, darle vida a la Patria naciente,
fundar el nuevo Estado Nacional, organizar la flamante entidad política
e inscribir su nombre en el escalafón de las naciones civilizadas."
La provincia de San Salvador fue clave en el proceso
de independencia con respecto de España y muchas más en relación a
México, pues presentó oposición férrea en contra de la anexión. Sin esta
resistencia probablemente Centroamérica hubiera sido parte permanente de
México. Tal postura política hizo posible al liderazgo salvadoreño ganar
una posición muy importante en la Asamblea Nacional Constituyente que
incidió decisivamente en la forma de gobierno que adoptaría la
federación centroamericana y cada una de las provincias. San Salvador y
la conducta de su líder José Matías Delgado fueron claves en la
independencia, en el rechazo a la monarquía constitucional mexicana y en
la adopción del principio republicano y federal en la Constitución 1824.
De esta forma, San Salvador se fue distinguiendo por su posición
intelectual, social y política en el mar4 general de la época.
Existen rasgos sobresalientes de esa especificidad
salvadoreña que ameritan destacarse, los cuales comenzaron a definirse
en la década de 1810; se reafirman la década de 1820, que fue clave en
la historia Centroamérica y que perduraron a lo largo del siglo XIX. Con
la independencia de México, en 1823, se pasó definir el pacto social
fundacional de la nueva sociedad y gobierno por la Asamblea Nacional
Constituyente. La forma de gobierno es el problema fundamental en la
etapa de fundación de un Estado, porque la política determina el marco
de otras actividades.
La historia ya registró que el liderazgo político
salvadoreño tuvo mucho que ver en la elaboración de la Constitución
Federal de 1824. Por tanto, comparte los aciertos y los graves defectos
de esta ley fundamental de la tan corta vida. Centroamérica y sus
provincias fallaron al poner en práctica los principios constitucionales
federales. La Constitución no pudo reformarse, llevando, disgregación de
las provincias. Los nuevos Estados independientes, con excepción de
Costa Rica, heredaron la conducta tumultuosa de la época federal,
encontrando serios problemas para definir su forma de gobierno y a
estabilidad política que permitiera un desarrollo. El Salvador era parte
de esa situación impelido ubicación geográfica y sus posiciones
políticas, convirtiéndose en el principal teatro de guerra y anarquía.
Cuando se estudia la historia de El Salvador del XIX desde el ángulo
constitucional, se concluye rápidamente que es muy difícil definir su
sistema político o de gobierno. La dificultad es posible que radique en
el hecho de no haber logrado establecerse y consolidarse políticamente.
Comenzar la explicación de tal fenómeno es la tarea principal de este
capítulo, pues en los años que se estudian se establecieron las bases
del desastre que impidieron retomar un curso correcto. En la explicación
debe tenerse en cuenta las características geográficas, productivas,
comerciales, ideológicas y políticas de la región.
El Salvador, por su pequeñez territorial, siempre fue
presa de inseguridad en cuanto a la posibilidad de su existencia
política. Esta inseguridad motivó un apoyo decidido a la unidad
centroamericana por considerar al istmo como el espacio geográfico más
viable para establecer un Estado. El Salvador fue muchas veces a la
guerra en pos de la unidad y fue el último país en declararse, el 25 de
enero de 1859, República Soberana e Independiente. Por
consiguiente, este este fenómeno se puede interpretar como relación de
amor con la idea de la unidad centroamericana. La confianza en una
existencia autónoma se desarrolló en el primer cuarto de siglo XX.
El Salvador, en el momento de la independencia, era
muy poblado y gran productor de añil. Sus recursos económicos y su
población lo inclinaban a la autonomía e independencia. Por su vecindad
y crecientes disputas con Guatemala se fue desarrollando una rivalidad y
mutua dependencia con esta ciudad. La rivalidad entre ciudades era norma
en Centroamérica. San José y Cartago, Comayagua y Tegucigalpa, León y
Granada, Guatemala y Quetzaltenango, eran rivales. La rivalidad entre
San Salvador y Guatemala fue intensa desde la guerra contra la anexión a
México. La desconfianza de San Salvador respecto- a Guatemala queda
reflejad-a muy claramente en la Declaración de la Asamblea Legislativa
del Estado de El Salvador de 21 de abril de 1826.
"Mientras el Congreso Federal exista en Guatemala,
este Estado nada tiene que esperar de las autoridades federales. Una
triste experiencia le ha dado esta lección. El Congreso Federal dominado
por los serviles le ha inferido males. El Congreso dominado por los
liberales guatemaltecos se los ha hecho igualmente. Acaba de observarse
esto mismo respecto del Senado de una manera bastante ostensible".
La tensión con Guatemala llevó a El
Salvador a anhelar intensamente su autonomía, y a los guatemaltecos al
planteamiento unitario, pero dentro de un concepto de hegemonía en
Centroamérica. Este fenómeno llevó a una tensión permanente y
separatista con el resto de Centroamérica. Este fenómeno llevo una
tensión permanente y separatista con el resto de Centroamérica. Es el
deseo de autonomía lo que inspira en El Salvador los movimientos de 1811
y 1814; la resistencia en contra de la anexión a México; adoptar el
principio federal en 1824; a declarar la guerra al gobierno en 1826,
ante la temida centralización del Estado centroamericano; y a pedir el
traslado de la capital federal de la ciudad de Guatemala en 1826.
Contradictoriamente, se trasladó la capital federal a San Salvador hubo
guerra contra sus gobernantes. Francisco Morazán logró el propósito a
punta de fusil, en 1832 y 1834, derrocando a dos Jefes de Estado. San
Salvador fue capital federal aunque nunca se consolidó como tal porque
si al Estado de El Salvador, que era muy pequeño, se le quitaba San
Salvador, que era sumamente importante, el Estado de El Salvador
desaparecería como entidad política creíble. Esta posición generó tensas
relaciones con Centroamérica.
La relación de amor y tensión con Centroamérica contribuyó a provocar
el problema fundamental de la política de El Salvador que perduraría a
lo largo del XIX, o sea, la indefinición de su forma de gobierno. Se
pensaba en términos de unidad centroamericana pero la definición de tal
forma, según la Constitución estatal, dependía de la existencia de un
gobierno centroamericano. Cuando éste no existía faltaba la pieza clave,
y su reconstrucción motivaba guerras con los vecinos. Por esta razón,
las constituciones estatales, cuando el gobierno centroamericano no
existía, eran de alguna manera provisionales y no permitían la creación
de condiciones psicológicas para emprender, de una vez por todas, la
construcción del Estado. Cuando el Estado centroamericano existió en la
época federal, su consolidación fue saboteada, impidiéndole cumplir con
las obligaciones federales y protestando por la intromisión en nuestros
asuntos internos. La política ambigua salvadoreña con Centroamérica fue
una de las causas de la ruptura, y por ser el país más pequeño pago el
más alto precio.
A nivel económico, a finales del siglo XVIII, El Salvador basaba su
economía en la producción del añil. La caída gradual del mercado para
este producto, a partir de 1804, creó una crisis que sólo se superó con
el reemplazo por el café en la segunda mitad del siglo XIX. El Salvador
fue, a la vez, beneficiario y víctima del monocultivo y no se encontró
fácilmente la solución para superarlo. Por otro lado, a partir de 1827,
como lo demuestra Héctor Lindo Fuentes, El Salvador fue, con Nicaragua,
el territorio más afectado por las constantes guerras e inestabilidad
política.
En el plano intelectual, Guatemala fue un centro destacado de
promoción de las ideas ilustradas. Los hijos privilegiados de El
Salvador estudiaron en la Universidad de San Carlos conociéndolas, por
consiguiente, muy de cerca. En Guatemala, la Ilustración fue restringida
a pequeños círculos, los cuales en El Salvador eran más pequeños. Lo
cierto es que la Ilustración no llegó a extenderse a nivel popular. Esto
explica que, al fracasar el proyecto ilustrado, la mayoría de la
población siguiera en la ignorancia y, lo peor, pensando como lo hacía
en el antiguo régimen. Pero el hecho de que el liderazgo salvadoreño
conociera la filosofía política ilustrada, explica las diferentes
posiciones que ésta inspiró. El mapa de las ideas políticas en Guatemala
era muy rico y contradictorio. Se desarrollaron ideas del despotismo
ilustrado, del liberalismo desarrollista y protector de los derechos del
individuo, del republicanismo en sus variantes clásicas, o antigua, y
moderna representativa. En El Salvador, el desarrollo de las ideas
políticas fue más limitado, pero hay que señalar que, con mucha razón,
se consideró el bastión del liberalismo en su versión protectora con un
claro sesgo elitista, expresado en las constituciones de 1824 y de 1841
y ratificado en la Cartilla del ciudadano de Francisco Esteban
Galindo, escrita en 1874. El Salvador fue defensor de la idea
federalista, a la que estaba asocia do José Matías Delgado, pero tuvo,
asimismo, importantes defensores del centralismo, como es el caso de
Manuel José Arce. Nuestro país fue también afín a las ideas
republicanas, pero no en su forma clásica, sino en la expresión moderna
siguiendo el modelo desarrollado en Estados Unidos. Es importante
observar que en El Salvador las ideas del despotismo ilustrado no
tuvieron un gran desarrollo como en Guatemala. Su adopción y práctica
fueron resultado de la presencia de los gobiernos morazánicos y sus
seguidores, como Gerardo Barrios.
El poder local siempre fue muy fuerte en El Salvador, por el
despotismo ilustrado no contaba con condicione muy favorables para
desenvolverse. Maximiliano Hernández Martínez, en 1932, fue el primero
en consolidar un poder absoluto en el ámbito nacional. Existieron
caudillos, pero nunca con tanto poder.
En relación a las características principales que se describen, no
pueden ignorarse algunas palabras sobre la vida cotidiana. La caída de
los precios del añil, provocó depresión económica y pobreza. La medicina
aún no había dado solución a las pestes de la época, como decir el
cólera morbus, sarampión, tifoidea, etc. Se seguía operando sin
anestesia y sin observar elementales normas de asepsia. Las calles de
las ciudades no contaban con alumbrado público. Los caminos vecinales
eran malos en verano y aun peores en invierno. Los periódicos comenzaban
a ser una novedad, pero de circulación temporal y muy restringida;
mientras quebraba uno, aparecía otro con igual destino. La pobreza de la
población era notable.
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