15 de
Septiembre de 1821
Correspondió al padre José Simeón Cañas la tarea de convencer al enfermo
capitán general Carlos Urrutia —monarquista intransigente— para que
depositara el mando. Desde enero de 1821 había llegado a Guatemala un
personaje ideal para el momento, en calidad de Inspector General del
Ejército: don Gabino Gaínza. Se sabía que este jefe era acomodaticio,
voluble y ambicioso. Conocedor el padre Cañas del carácter humano,
comprendió que el brigadier Gaínza era el hombre para el momento. Por
fin, don Carlos depositó el mando en don Gabino el 9 de marzo de 1821.
A este hombre sin ideas ni lealtades firmes le correspondió enterarse de
las actas de independencia de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla. El
personaje más leal a la monarquía era el Arzobispo metropolitano Fray
Ramón Casaus y Torres. La mayoría de consultados recomendó una sesión
urgente para la mañana siguiente, a fin de tratar sobre los últimos
acontecimientos y decidir lo que Guatemala debería hacer en tan graves
circunstancias.
Los únicos organismos deliberativos que podrían tomar resoluciones de
gran trascendencia eran el Ayuntamiento Metropolitano y la Diputación
Provincial. Esta última era un organismo que creó la Constitución en
todos los dominios americanos. Sin embargo, para lograr mayor
representatividad, Gaínza convocó a representantes de muchas otras
entidades, entre ellas: el Cabildo Eclesiástico, el Claustro
Universitario, el Colegio de Abogados, el Consulado de Comercio, los
Prelados Regulares y el mismo Arzobispo. Unas cincuenta personas se
reunieron en el Palacio de los Capitanes Generales de la ciudad de Nueva
Guatemala de la Asunción, a media mañana del 15 de septiembre de 1821.
No eran muy diferentes las opiniones de los concurrentes, en tanto
que —como se dijo— liberales y conservadores habían logrado una cierta
alianza alrededor de la idea de la emancipación de España. Surgió la
ponencia de José Cecilio del Valle quien, sin oponerse a la
Independencia, proponía una consulta a los otros ayuntamientos del
Reino. Sin embargo, predominó la moción a favor de una declaratoria
inmediata de independencia, apoyada vehementemente por personajes como
los presbíteros y doctores Antonio de Larrazábal y José Matías Delgado.
Al final de la mañana, el doctor José Cecilio del Valle fue encargado de
redactar el Acta de Independencia, cuyo texto se inicia con estos
memorables palabras: “Siendo públicos e indudables los deseos de
independencia del gobierno Español que por escrito y de palabra ha
manifestado el pueblo de esta capital; recibidos por el último correo
diversos oficios de los ayuntamientos Constitucionales de Ciudad Real,
Comitán y Tuxtla en que comunican haber proclamado y jurado dicha
independencia (...)”. La declaratoria sustancial se encuentra en
el artículo l que dice: “Que siendo la Independencia del Gobierno
Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de
lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el Señor Jefe
Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían
temibles en caso de que la proclamara de hecho el mismo pueblo”.