El Surgimiento de la Nación 1808-1823 IV Parte

15 de Septiembre de 1821

Correspondió al padre José Simeón Cañas la tarea de convencer al enfermo capitán general Carlos Urrutia —monarquista intransigente— para que depositara el mando. Desde enero de 1821 había llegado a Guatemala un personaje ideal para el momento, en calidad de Inspector General del Ejército: don Gabino Gaínza. Se sabía que este jefe era acomodaticio, voluble y ambicioso. Conocedor el padre Cañas del carácter humano, comprendió que el brigadier Gaínza era el hombre para el momento. Por fin, don Carlos depositó el mando en don Gabino el 9 de marzo de 1821.

A este hombre sin ideas ni lealtades firmes le correspondió enterarse de las actas de independencia de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla. El personaje más leal a la monarquía era el Arzobispo metropolitano Fray Ramón Casaus y Torres. La mayoría de consultados recomendó una sesión urgente para la mañana siguiente, a fin de tratar sobre los últimos acontecimientos y decidir lo que Guatemala debería hacer en tan graves circunstancias.

Los únicos organismos deliberativos que podrían tomar resoluciones de gran trascendencia eran el Ayuntamiento Metropolitano y la Diputación Provincial. Esta última era un organismo que creó la Constitución en todos los dominios americanos. Sin embargo, para lograr mayor representatividad, Gaínza convocó a representantes de muchas otras entidades, entre ellas: el Cabildo Eclesiástico, el Claustro Universitario, el Colegio de Abogados, el Consulado de Comercio, los Prelados Regulares y el mismo Arzobispo. Unas cincuenta personas se reunieron en el Palacio de los Capitanes Generales de la ciudad de Nueva Guatemala de la Asunción, a media mañana del 15 de septiembre de 1821.

No eran muy diferentes las opiniones de los concurrentes, en tanto que —como se dijo— liberales y conservadores habían logrado una cierta alianza alrededor de la idea de la emancipación de España. Surgió la ponencia de José Cecilio del Valle quien, sin oponerse a la Independencia, proponía una consulta a los otros ayuntamientos del Reino. Sin embargo, predominó la moción a favor de una declaratoria inmediata de independencia, apoyada vehementemente por personajes como los presbíteros y doctores Antonio de Larrazábal y José Matías Delgado.

Al final de la mañana, el doctor José Cecilio del Valle fue encargado de redactar el Acta de Independencia, cuyo texto se inicia con estos memorables palabras: “Siendo públicos e indudables los deseos de independencia del gobierno Español que por escrito y de palabra ha manifestado el pueblo de esta capital; recibidos por el último correo diversos oficios de los ayuntamientos Constitucionales de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla en que comunican haber proclamado y jurado dicha independencia (...)”. La declaratoria sustancial se encuentra en el artículo l que dice: “Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el Señor Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en caso de que la proclamara de hecho el mismo pueblo”.

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