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El Surgimiento de la Nación 1808-1823
Los sucesos de España conmocionan a la
América Colonial
A la entrada del siglo XIX, las guerras
napoleónicas afectarían severamente a España. Bonaparte pretendía ocupar
y someteer a Portugal, potencia aliada de Gran Bretaña. Eso requería que
España permitiera pasar por su territorio tropas y contingentes bélicos
franceses.
Era un secreto a voces que el ministro
Manuel Godoy manipulaba la voluntad del monarca Carlos IV –quien vivía
más entregado a la caza que a los problemas de la nación- y que la reina
María Luisa era protectora del valido. Godoy pertenecia al grupo de los
“afrancesados”, y no sólo por simpatia con el Emperador: se sabía que
éste había ofrecido al favorito del Rey la corona de una buena parte de
Portugal en la medida en que España apoyara la ocupación francesa de los
territorios lusitanos.
Buena parte de la nobleza, del pueblo y
del militarismo español veían con preocupación la actitud errática de
Cralos IV frente al poder napoleónico. El 19 de Marzo de 1808 se produjo
el golpe de Estado conocido como “Motín de Aranjuez” (por el palacio
cercano a Madrid en donde ocurrieron tan dramáticos sucesos). Aquellas
acciones –con participación popular- dirigidas prácticamente contra el
favorito Godoy, provocaron la abdicación del Rey y el ascenso de su
hijo, que asumió el trono con el nombre de Fernando VII. Pero Godoy ya
había cedido a las presiones de Bonaparte y dejó paso libre a las tropas
francesas. Estas atravesaron los Pirineos y avanzaron sobre las
principales plazas fuertes de la Península. Carlos IV, Fernando VII y
Manuel Godoy fueron conducidos a la ciudad fronteriza francesa de
Bayona. Napoleón designó a su hermano José como Rey de España.
El “Rey intruso” fue desconocido por
las principales fuerzas políticas de España, y se inició la Guerra de
Independencia. Las circunstncias convirtieron a Fernando VII en una
figura emblemática de la españolidad. De entonces le vino el sobrenombre
de “El Deseado”.
Estos graves acontecimientos en España
conmocionaron a las colonias en ultramar. En casi toda Hispanoamérica se
repudió al rey José. Varias “Juntas” intentaban recoger la soberanía
nacional o actuar n representación de Fernando VII. En España se formó
una Junta Suprema Central que, ante el avance francés, se replegó a
Cádiz. En 1810 se disolvió y entregó el mando a un Consejo de Regencia.
Bastantes políticos e intelectuales americanos sostenían que se vivía
una situación de “interregno” (es decir, tiempo sin Rey), en cuyo caso,
antiquísimas leyes hispanas autorizaban a los pueblos a retomar la
soberanía que habían depositado en el Monarca. Esto explica porqué, a
partir de 1810, y en algunos casos desde antes, ciertos ayuntamientos y
juntas locales de América proclamaban movimientos separatistas,
moderándolos un tanto con pronunciamientos de lealtad a Fernando VII. No
otra cosa fue lo que ocurrió en San Salvador en noviembre de 1811, como
se verá.
Mientras se efectuaban los terribles
combates entre las fuerzas españolas y francesas por casi todo el
territorio peninsular, el liberalismo luchaba por promover un cambio
político que substituyera la monarquía absolutista por una Constitución
que limitara los poderes reales y los pusiera bajo las Cortes, el
organismo legislativo del reino. En plena guerra, las Cortes se
instalaron en Cádiz en 1810 bajo la protección de la Regencia.
La obra más importante de estas Cortes
fue la Constitución del 19 de marzo de 1812. El Reino de Guatemala, al
igual que otras colonias americanas, tuvo sus diputados en esta
Asamblea. La ciudad de Guatemala estuvo representada por el presbítero y
doctor Antonio de Larrazábal; y San Salvador por el presbítero y doctor
José Ignacio Ávila. Este último llevaba instrucciones de solicitar la
erección de un obispado en esta provincia.
En el marco del “vacío de poder” e
incertidumbre que se vivía en la Peninsula, notables insurrecciones
habían tomado cuerpo en Venezulea, Colombia, Argentina y México. Las
figuras de Bolívar, San Martín y Morelos fascinaban a muchos. Además, el
inesperado giro de los acontecimientos en España hizo que se
desmoronaran las viejas lealtades.
Derrotadas definitivamente en 1813 las
fuerzas francesas por las españolas –ayudados por Inglaterra y
Portugal-, se preparó el terreno para el retorno de “El Deseado”, quien
llegó al Puerto de Santa María el 22 de marzo de 1814. Fue aclamado
hasta el delirio en todas partes. Pero pronto, con gran estupor, el
liberalismo español asistió a la primera medida del restaurado Fernando
VII: “El Deseado” anuló la Constitución de 1812 y mandó a prisión a
muchos de los notables diputados que la promulgaron. ¡España era de
nuevo absolutista!
Para recuperar algunos dominios
americanos que habían proclamado se autonomía, el Rey mandó a estacionar
a Cádiz un inmenso ejército que se embarcaría para América, en plan de
reconquista. Uno de los comandantes de estas fuerzas, el general Rafael
del Riego, se insurreccionó en Cabezas de San Juan, cerca de Cádiz, el 1
de enero de 1820, con el apoyo de casi todo aquel ejército
expedicionario. Riego y sus adeptos exigían el retorno a la monarquía
constitucional. “Fernando VII se vio obligado a aceptar los hechos y
juró respetar la Constitución de 1812”.
Nuevos alineamientos políticos
ocurrieron en ultramar. Por lo menos en el antiguo Reino de Guatemala,
los sectores más conservadores recelaban de una España demasiado
“democratizada” por el constitucionalismo y el liberalismo. Por su
parte, el criollismo liberal centroamericano vio la oportunidad de
separar el “Reino” del oscilante régimen metropolitano. La coyuntura
promovió –al menos transitoriamente- una alianza de conservadores y
liberales que consideró necesaria la independencia de España. Este
realineamiento de fuerzas, más la influencia de la cercana lucha
mexicana que entraba a la etapa final, promovió –como se verá- la
célebre Junta de Notables del 15 de septiembre de 1821 en la Nueva
Guatemala.
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