Huella Colonial II

Obviamente, la presencia de lo colonial no desapareció con la ruptura de los nexos imperiales. Los aspectos más fundamentales de la cultura española, como el lenguaje y la religión, había calado profundamente después de trescientos años de dominio colonial; también lo habían hecho las leyes y los procedimientos administrativos introducidos por los españoles. Diversos alimentos (especialmente el trigo y el azúcar), técnicas productivas y sistemas de comercialización fueron trasladados, asimismo, desde la península ibérica y adaptados a las condiciones del Nuevo Mundo. Finalmente, hay que tomar en cuenta el legado epidemiológico, aquel contagio masivo que las poblaciones nativas de América sufrieron cuando entraron en contacto con la abundantes enfermedades, desconocidas para ellas, que traían los europeos.

Lo que vino de España tuvo su contraparte en lo que se trasladó desde América hacia el Viejo Mundo. Para España resultó clave el envío de metales preciosos que permitieron agilizar las transacciones comerciales y fortalecer al Estado español. Pero el impacto más duradero lo constituyó la multiplicidad de productos alimenticios que terminaron en las mesas del Viejo Mundo: la papa, el maíz, el frijol, el cacao, el tomate y el ayote, para nombrar unos pocos. Estos alimentos, desarrollados durante milenios por agricultores nativos, revolucionaron la dieta de los europeos y contribuyeron, sin lugar a dudas, al despegue económico de los siglos XVIII y XIX, conocido como la Revolución Industrial.

De hecho, lo que América producía y exportaba a España y lo que España despachaba a sus colonias Américanas conformaban la razón de ser del imperio: una organización económica que aseguraría el traslado de riquezas hacia España para que, desde allí, financiara la proyección de su poder político y militar hacia el resto del continente europeo. Durante los primeros cien años, el intercambio resultó tremendamente favorable para España, ya que con la riqueza americana se contrataron ejércitos, se compraron barcos y se financiaron un sinnúmero de actividades políticas y diplomáticas propias de una superpotencia de su tiempo. Sin embargo, la economía española fue incapaz de producir lo que requería su imperio, por lo que la metrópoli se convirtió en simple intermediaria de otros países europeos. Por ello, España entró en una decadencia de la cual se recuperó solamente un poco hacia finales del siglo XVIII, cuando ya la independencia de las colonias americanas asomaba a la vuelta de la esquina....

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