Tierra rica y poblada, de hermoso cielo y sanos aires, Tierra generosa y
pródiga, pueblo noble y esforzado, de los que cambian rumbo a la
adversidad, de los que abren nuevos caminos hacia mejores horizontes, de
aquellos que fraguan voluntad,temple y carácter en su fragoso recorrido
por la historia, El Salvador es promesa e ilusión , siempre con rostro
amable, siempre con cariño en el ánimo y sentimiento en el corazón.
Tierra de fieros volcanes y apacibles lagos, El Salvador se tejió en la
urdimbre de suelos fértiles y dadivosos en el trópico de la cornucopia,
donde las comunidades del espectro racial americano dieron su trabajo y
su afán. Las ciudades criollas serán embriones europeos en el cosmos de
los nahuales y el misterio de las selvas. Los caminos reales serán
abiertos con sudor, apisonados por el incesante trajinar del ganado y
las mercaderías, por el ir y el venir del comercio.
El océano Pacífico le ofreció su inmensidad, Acajutla es el puerto
primigenio, que a veces suena ya como de leyenda, con visión lejana y
perdida de añejos galeones de velas desplegadas y alegres gallardetes.
Pero también Acajutla es la batalla de 1524, donde el orgulloso aborigen
le clavó una flecha en el muslo al invasor ibero, cuando Pedro de
Alvarado iba hacia nuestro Cuscatlán, el señorio cuyo nombre permaneció
para el país.